Todo comenzó saliendo desde Lima: a recomendación del amigo que me invitó, Juan, tomamos el servicio de Cruz del Sur, pues era el más seguro y eficiente. Pero como son las sorpresas en la tierra de Ribeyro, el autobús nos dejaría a la mitad del camino, justo en el kilómetro 47, escasamente a una hora de llegar a Arequipa.Mientras esperábamos en el camino para que nos fueran a rescatar, el terrible calor apareció ante mí una increíble visión de aves paraqueñas. Acaso el culpable fuera el calor de la montaña, pero el asunto es que yo vi seres guaneros y pingüinos. Afortunadamente, las cámaras no mienten: acá las pruebas irrefutables.