Sunday, September 28, 2008

Reserva Paisajística Nor Yauyos




Esta es una breve memoria de una visita que tuvo por objeto familiarizar con La Roberta. Como pocos la conocen, he de decirles que es mi nueva acompañante. La describiré para quien la quiera conocer, porque no le he podido sacar una foto:

Es "de color" (odio a los racistas que la calificarían de negra). Es más grande que mi anterior pareja de viaje, pero lo suficientemente práctica para tenerla siempre a la mano. Desafortunadamente es más complicada que "la otra", que no necesitaba cambiarse de lentes a cada instante. En eso, Roberta es más compleja: si está cerca, los pequeñitos; si está lejos, los grandotes. Pero eso sí, el ser más complicada, la hace más precisa.

Otra de sus características es que su cuerpo es mucho mas voluptuoso que el de "la anterior": está llena de curvas, es más cálida al tacto y requiere de que uno ponga los dedos en el sitio preciso y que los sepa alternar de acuerdo con el momento;
digamos que requiere de más atención y si uno toca donde no, se puede perder todo el esfuerzo hasta entonces realizado.

Pero no por ello deja de responder efectivamente. Cuando uno se siente un poco inseguro, puede dejar en sus manos el control y ella decide lo mejor: más lento, más suave, cadencioso, más abierto, más cerrado... a pesar de ser tan joven, pareciera que tiene la experiencia de una cincuentona. Todos me han dicho que eso lo aprendió de su madre, que no era tan tactil (o digital), pero que también funcionaba con pulsos, pulsaciones, aperturas, ritmos y tacto.

Bueno, he hablado ya demasiado de ella, dejo que se presente por sí misma: que muestre lo que sabe hacer. Es claro que por mi novatez (es increíble, ¿no? que a los 35 uno todavía sea novato), no le permite mostrar sus dotes de profesional, pero estoy seguro que poco a poco nos iremos acoplando de mejor forma... por ahora, tratamos de pasar la mayor parte del tiempo juntos y dormir bien pegaditos, a ver si así me vuelvo más "pro". Por cierto, su apellido es XTI... Roberta Canon-XTI.

En el pueblo de Cochas, cerca de Huancayo, hay una cruz en la cima de una montaña. El camino está tapizado de altorrelieves como éste, en el que se cuenta la historia de Jesús. Me llamó la atención que el sincretismo haga que los oyentes que le acompañan tengan ropa y peinado indígena de la zona... ¿transportación temporal o adaptación para un mejor catequismo?



Otro de los atractivos de Huancayo es "Torre-Torre", una formación de columnas y otras figuras de piedra caliza que proceden de la erosión causada por el viento. Un sitio por demás interesante, aunque de acceso complejo, a través de uno de los barrios pobres de la ciudad. El fenómeno del centralismo se repite hasta el cansancio en el Perú: una urbe que devora hombres en busca de un mejor futuro.









El camino (uno de los caminos) hacia la Reserva Paisajística Nor Yauyos deja la ciudad de Huancayo y asciende por la puna hasta los 4'800 metros. Los paisajes son como siempre, el inicio de una aventura hacia un mundo perdido en las alturas. Caminos apenas dibujados sobre las montañas, presencia humana mínima, pero siempre campos de cultivo por doquier: la lucha del hombre por extraer de la tierra el alimento.





De lleno nos transportamos hasta Huancaya (afortunados los que pueden ver sin tener que recordar las horas de camino y no gustan de la aventura; desafortunados los que sólo lo miran, pero no pudieron escucharlo, olerlo, sentirlo, gustarlo). Este poblado es el centro principal desde el que se parte para observar estas lagunas altoandinas, que más que eso, parecen fiordos en un mar de altura; los colores, el espectáculo del agua, el frío... todo compensa la falta de comodidad en los hospedajes: se come trucha, se duerme en camas sencillas, no hay agua caliente... el Perú profundo de siempre.











Jorge, uno de los tres hijos de la dueña de la casa donde me hospedo me muestra orgulloso su lap top proporcionada por el gobierno de Perú, que intenta así acercar a los niños de la sierra a la modernidad. Una computadora que parece un gran esfuerzo pero carece de una estrategia de uso: mi pequeño amigo sólo sabe tomar algunas fotos, chatear con sus compañeritos, poner algunas animaciones (como ésta, de un robot que baila); dice que la máquina también sirve para hacer textos... y aprende a jugar al tetris... no sé si hice mal en mostrarle cómo hacerlo... respeto su timidez y lo dejo ocultarse detrás de la pantalla: no le gustan las fotos.





Una de las primeras en movimiento de La Roberta, parece que comenzamos a entendernos, prometemos que la siguiente será con las alas bien desplegadas...

Acá abajo, la mochila del Andaryego, una vez más, a medio camino, esperando alguien que tenga el corazón tan grande como para llevarlo en su camión, microbús, motocicleta o taxi... cualquier transporte es bueno en la sierra, y si no hay, se camina. Total, nada está a más de 4 horas de marcha...



Esta, en acercamiento, es una de mis favoritas. Por cuestiones de no hacerlas muy pesadas, las que uds ven tienen poca resolución. Pero en la original, se notan con todo detalle las burbujas de agua que se crean con la fuerza del agua que baja: el pato de torrrente, es especialista para navegar en aguas complejas... tal vez deberíamos aprender de él.





Esto no lo dijo el pato de Torrente, pero creo que le queda, ¿no?



Ya de regreso, se puede tomar la ruta "B", que consiste en no volver a través de Huancaya, sino bajar y bajar y bajar... hacia Magdalena, luego Zúñiga y hacer un aterrizaje en Lunahuaná para encontrar una camita rica, una comida más decente y reposar un poco del movimiento y ajetreo de la ruta paisajística de la sierra.... todos dicen que es difícil, pero la verdad es que aunque hay que pedir que te lleve el primer transporte que encuentras (a mí: un camión de la municipalidad de Miraflores -Miraflores de allá-, un taxi, mis pies, un camión del ministerio de comunicaciones y transportes que arreglaba la carretera), siempre hay forma de llegar.

¿Qué tal dormir en el Hostal El Edén? se ven lindas las fotos de las habitaciones, ¿no?



...pero ojo, que las apariencias engañan.


Después del sismo de agosto de 2007, quedaron muchas construcciones en pie que uno ignora si más bien deberían ser derribadas o si se deben mantener por los buenos mensajes que emiten a la población, como éste: "El Perú avanza"... ¿hacia dónde?



En otras ocasiones, uno se encuentra con estas paradojas: una casa totalmente en ruinas que aún recibe su facturación mensual de electricidad y anuncia dónde está la caja de luz para que se pueda hacer medición y conteo. ¿Le harán descuento por no contar con focos incandescentes?


Un poco contradictorio en ocasiones, pues mientras para unos el Perú avanza, para otros, como lo anuncia esta pinta: "Peligro, Estado ruinoso"



Esta no es una pinta... sino que más bien tiene pinta de ser la realidad: la entrada a Lima, con su cielo gris, sus casas que anuncian la extrema pobreza y la desigualdad social. Todas estas visiones se exacerban en mi ánimo ahora que leo toda esta literatura sobre el funcionamiento de nuestro sistema: quisiera hacer algo para cambiarlo pero al mismo tiempo me encuentro con que cada acción que realizamos tiene el riesgo potencial de regresarnos al punto de partida.



Las fotos finales, de la parte turística de Lunahuaná: la casa del Pisco, con Pedro, su propietario que da una cata a unos visitantes de un país vecino del sur...



... Y de la iglesia de Lunahuaná... en lo particular soy bastante malo para este asunto religioso, pero a La Roberta pareció sentarle bien el juego de colores...



Bueno, como podemos ver... como muchos prestamos oídos sordos a la religión... siempre es bueno que haya algún altoparlante. Como dicen en mi tierra: "No se hagan los que la virgen les habla".




Thursday, May 29, 2008

Ahora sí... un mes.



Un mes

La sensación: variada; en el papel: dudas, preguntas, negociaciones inconclusas, promesas por cumplir, ideas que aterrizar; la realidad tiene el rostro que le ponemos.

Para quienes me han hecho favor de mandar mensajes, primero una disculpa muy grande. Es lamentable y falto de cortesía el no responder. Sólo puedo pedir disculpas y un poco de calma, mi vida ha dado un giro (esperado pero fuerte) que aún no logro manejar. Lo que estoy haciendo en este momento es una mezcla de vuelta al pasado, combinado con sueño de futuro e identificación de realidad. El turismo es en efecto, un bicho raro.


Me gustaría pensar en Jack London, pero la realidad es otra: no estoy hacieno nada que se parezca a una aventura extravagante, un viaje indescriptible, una jornada iniciática o una partida desde el origen. Espero que London se haya dicho lo mismo cuando fue a trabajar en las minas del norte de América, porque si no, estoy… sin palabras.

Para aquellos que imaginan que Samuel anda trepado en los árboles dominando fauna salvaje e imitando el grito de Tarzán para dominar la jungla, lamento decepcionarlos. Samuel es cargador, plomero, relacionista público, mozo, camarero, barman (abstemio), ayudante de sistemas, machetero… todo y nada.

Samuel está trabajando entre 12 y 16 horas al día por mil dólares al mes. ¿Les parece justo? Sé que muchos de los que me estiman se dicen una vez más que estoy loco, que sigo sin darme cuenta de lo que valgo o que me gusta regalar mi chamba. Sí, tal vez. Hace unos días, mientras apretaba el tubo de desagüe del lavabo de uno de nuestros 8 baños, me preguntaba si para esto había estudiado ya casi 20 años de mi vida; lo mismo sucedió cuando tuvimos que traer cargando el pedido mensual desde el muelle, que está a unos 600 metros del albergue, empujando una carreta, como en el medioevo, sobre el barro y el agua; sobre ramas y raíces. Pero Jack London me obsesiona y me digo que para hacer un buen libro, hay que vivirlo primero y así, cuando cuente mi historia, todos sabrán que es más parte cierta que parte mentira.

En la semana me dieron mi primera propina como gerente. Antes aún de haber firmado mi contrato (creo que le debo un poco a la empresa, pero más al ministerio del interior los requisitos para tener un permiso de trabajo), esos 20 dólares que me diera un gringo en la mano me hicieron reflexionar: paga más rápido el que da propina que el salario mismo. Se supone que hice bien mi chamba y logré que los “pasajeros”, como se llama a los turistas, la pasaran bien. ¿Una especie de bufón moderno?

Sí, el turismo es un bicho raro. Mientras unos se divierten, otros se levantan a las 4 de la mañana a prepararles el pan. ¿Hay un problema en ello? Desde mi óptica, que quienes hacen el pan deberían tener el derecho de divertirse también, solamente. Pero no, todos sabemos que no es así. La mayor parte de las operaciones de turismo exigen horarios demasiado fuertes a su gente. No, no los veamos como los malos de la película: ellos también compiten por precio y buscan resultados óptimos. Ellos también dependen de los tiburones que comercializan… la misma e interminable cadena de siempre. La sostenibilidad es, como dicen en buen peruano, “una huevada”.

Pero al mismo tiempo, acá no hay teléfono, el internet funciona unas cuantas horas al día, la electricidad se tiene unas 5 horas. Estoy lejos, alejado, exiliado, y eso me gusta. Es siempre que hay un precio que pagar, ¿no? Para estar en el culo del mundo eres explorador, investigador de naturaleza o empleado de un albergue alejado. Bueno, también puedes ser mono, gorila o ballena, pero el ADN mezclado aún no está disponible en el mercado.

Para los que aún tienen un poco de duda sobre mis actividades, lo más práctico sería decir que estoy a cargo de un albergue en la mitad de la selva: tienes tu parte administrativa (hacer pedidos, revisar inventarios, hacer cobranza, hacer la logística) y de turismo (desde que llega, come y, al más puro estilo foxista, se va, el pasajero) y tienes otra que es de la jungla: tienes que lidiar con murciélagos que se meten en la infraestructura de la construcción, colmenas en tu habitación, lavar tu ropa, ponerla a secar y resecar porque llueve mucho, caminar los senderos y mantenerlos limpios para que los pasajeros no se piquen un ojo cuando andan por ahí. Ah! También están los Guacamayeros. En este sitio hay un proyecto de manejo de guacamayos y una buena media docena de investigadores. El albergue se encarga de proveerles alimentación y un poco de transporte a algunos de los puntos cercanos. A cambio, ellos dan charlas hablando del proyecto y así los clientes saben que apoyan también a una empresa con conciencia de cuidado hacia los guacamayos (ara macao, es el nombre científico de los que también llamamos papagayos).

Estos últimos me dijeron que me enseñarían a subir a los árboles pues ellos lo hacen para monitorear los nidos, sin embargo, con la chamba y las actividades, no ha habido mucha oportunidad. Sólo escalé como 3 metros de altura y luego tuve que salir corriendo a no sé qué cosa…

Bueno, anexo unas fotos para que vean un poco el sitio y espero que en el futuro les pueda hacer llegar un poco más de información… Un abrazo y saludo para todos.









Wednesday, May 14, 2008

De un viaje a Ayacucho - Inicio y link para resto de historia




Acá habrá unas cuantas fotos de Ayacucho, pero voy a alimentar este mismo post lentamente, por lo que te invito a visitarlo una y otra vez.

Comenzaré por la pequeña historia moderna del príncipe que, convertido en llama, intentó despertar a su princesa convertida en pastorcita... creo que la imagen lo cuenta mejor que yo.

Este relato se hizo mucho más largo y terminó por ser una larga historia acerca de un viaje a Ayacucho... si quieres leerla toda y ver más fotos, visítala acá:
http://andaryego.blogspot.com/2008/03/de-un-jaguar-en-tierra-de-otorongos.html

Sunday, November 11, 2007

Circuito Sur: Cusco, Arequipa, Nasca



Bueno, estoy seguro de que muchos estarán ya aburridos de escuchar siempre que el andaryego regresa... pero nunca dice a donde, y con eso de que ya perdió la brújula ya no sabe cuál es su casa.

Pero bueno, supongamos que hoy su residencia está en la gris, impersonal y nebulosa ciudad de Lima: aquella que le da olímpicamente la espalda a la playa y no usa el mar sino para lanzarle tablistas y unos cuantos miles de litros de agua no tratada y de cloaca.

Estar de regreso, implica entonces volver a esta urbe peruana. Más letras abajo...


Tuvimos la fortuna de reunirnos hace unos días con un trío de buenos amigos: 2 Renatas y un Caballero, y con ellos emprendimos un viaje relámpago que nos llevó por el sur de esta mi nación adoptiva. En siete días fue dífícil hacer mucho, sin embargo, nos arreglamos para, manejando tres, ir tan lejos y tan rápido como pudimos. Comenzamos por Nasca (con respectivo cruce de Ica y Pisco en tremendo estado de destrucción debido al sismo de hace más de un mes), sitio en el que una de las Renatas tuvo la suerte de subir a la avioneta de Aerocondor para sobrevolar las líneas famosas.


De ahí nos fuimos hacia Arequipa, la ciudad colorida: blanca de sillar y blanca de nieve en sus volcanes; azul de Sata Catalina, azul de cielo, y amarillo de algunas paredes... vaya sitio.

Todo fue muy rápido, pero pudimos visitar a Juanita, una niña de unos 12 años que fue sacrificada al Misti (el volcán que corona a la ciudad) y conocer su historia para enterarnos que hace más de 600 años que yace en la posición que uno se encontraría a un escalador que muere de frío, sólo que ella está condenada al frío por el resto de su existencia: hoy en día está en una especie de refrigerador transparente en el que se exhibe a todos los turistas curiosos de conocer su cuento, fábula, leyenda, destino o mala suerte... "asegún" se le quiera ver.

En esta misma ciudad, cuna del derechista pero excelente prosista (qué quieren, no se puede ser perfecto en esta vida) Vargas Llosa, visitamos el convento de Santa Catalina, pero con una diferencia a las ocasiones anteriores en que había estado ahí: los martes y jueves se puede hacer una visita nocturna. Eso nos dio la oportunidad de poder hacer unas bellísimas fotos.. y algo más:


Caminando por ahí, al voltear hacia una ventana, me encontré con tres tipos que hablaban de algo. Mi curiosidad fue demasiada y tuve que acercarme un poco. Mi sorpresa fue grande al notar que hablaban Arameo y algo decían de una cena muy importante, en la que serían 13 personas y que compartirían el cuerpo de no sé quién (no me pregunten cómo entendí todo eso, pero por eso existe la ficción, jeje). No pude resistir y decidí quedarme para esperar a ver qué más sucedía, y en algún momento pude traspasar una puerta y notar que eran personajes muy importantes... "Los he encontrado, los he encontrado!!"- me dije.

Y en la medida que me asomé un poco más, los vi: era él, el hombre que atacó al libre comercio, el que caminó sobre el agua (bueno, sobre las piedritas), el que tansformó el agua en vino (y yo que sólo lo transformo en agua -y no potable).

Traté de entrevistarlo, pero al poco tiempo llegaron los guardias de seguridad y nos desalojaron... fin de la historia en Arequipa.

Para compensar el tiempo, teníamos que salir disparados hacia el Cusco, para conocer las famosas ruinas y claro... ir a Machu Picchu. Ah! es importante mencionar que en el camino nos encontramos al Macho Picchu... he ahí una pequeña prueba.


Los sitios arqueológicos de la parte alta de Cusco son maravillosos, y de hecho la ciudad requiere de mucho tiempo para visitarla, pero hicimos lo que pudimos. En esta foto se puede ver Sacsahuayman (ups... espero estarlo escribiendo bien) en donde encontramos a una personita que mientras explicaba, hacía cara de alguien que ustedes y yo conocemos... les doy una pista por si no la ubican.



En el camino, mucha arena, y algo de lo que más estaban sorprendidos los amigos fue del paisaje costero, siempre tan gris en el cielo, y tan arenoso en el camino... al grado que hay ocasiones en que señales de tránsito y camino se desaparecen momentáneamente para dar paso a escenarios dignos de La Guerra de las Galaxias. Pero qué quieren, así es el Perú, mágico y extraño, raro y atractivo, amoroso y despectivo... es un crisol de imágenes y personalidades.


Después de Cusco, regreso volando porque el avión de todos se iba. No hubo mucho tiempo para más, pero sí pudimos al menos disfutar de unos deliciosos pisajes, unas pegadoras comidas, y unas deliciosas Cusqueñas. La próxima vez nos vamos pal norte o pa la selva... para que todos podamos conocer un poquito más de lo que este país tiene que ofrecer.

No se alarmen... vienen más posts, y algunos de política muy deliciosa... lo que sucede es que con tantas cosas, aún no sé por donde comenzar

Tuesday, November 06, 2007

Pasto: zona de transición




Zona de transición


Pasto, Colombia. Agosto del 2007

En la ecología, se llama zona de transición al punto en que se encuentran dos ecosistemas, o pisos ecológicos. Esto es muy claro y fácil de observar, por ejemplo, cuando uno aborda un teleférico como el de la ciudad de Mérida, en Venezuela: durante el trayecto se ve cómo se mezcla el bosque altoandino con el subpáramo (es decir, cómo en la medida que avanzamos en la altitud, las plantas van cambiando); en biología, es algo interesante, más no sorprendente. Caso distinto el de las culturas, pues las áreas de mutación suelen presentar rasgos particulares. (seguir leyendo...)



En México es relativamente natural constatar la zona de transición de la frontera norte: si bien es cierto que hay muchos habitantes de ascendencia mexicana en el sur de los Estados Unidos, también es cierto que la frontera política ha creado una cultura muy original: “los pochos” o “los chicanos”, les llamamos: la mezcla de idiomas y grupos étnicos ha logrado una personalidad así. Posiblemente por las amplias diferencias entre las culturas de ambos países, nos atreveríamos a decir que la frontera política está tan marcada como la física: de un lado los norteamericanos(1)con sus reglamentos y ordenamientos de orden sajón, del otro, los mexicanos con lo latino y, entre los dos, de ambos lados fronterizos, una corriente de cultura “binacional”, bien distinta a la mexicana y a la estadounidense (si bien con orígenes claramente distinguibles)(2).

La suerte me ha hecho un hombre de viajes (largos, cortos, virtuales, literarios y físicos), y justo hace unos días, en el eje cafetero colombiano un investigador dijo una frase que me pareció (y ahora toma más sentido), bastante racista: se refirió a “la pastusa” de equis lugar. Los pastusos son los habitantes de la ciudad de Pasto, en el sur colombiano, casi fronterizo con el norte ecuatoriano.

Me llamó la atención el comentario, sin embargo lo dejé pasar, pero un par de días más tarde, volvió a mi mente cuando abordé el autobús para abandonar, no sin pesar, la linda ciudad de Pereira, para dirigirme a Pasto.

Y fue cuando comprendí dónde comienza el mundo andino.

Los Andes, física y geográficamente comienzan en Venezuela y culminan en la Tierra del Fuego: por eso es que en mi tesis me esforcé por abarcar al menos tres países que tuvieran su porción montañosa en esta enorme cordillera, sin embargo esta mañana comprendí que el mundo andino comienza donde inicia la distribución geográfica de los pastusos… sin ofensa esta vez.

Con asombro descubro al desembarcar en la capital sureña, su enorme similitud con el Perú y el Ecuador, y no sólo eso, sino la mayúscula desigualdad con el resto de Colombia: la tierra del Gabo, ese sitio místico-caribeño, de hombres blancos y mulatos, de ron y aguardiente, de vallenato y cumbia, de productores de café y de caña, termina en Popayán.

Fue como si hubiera cambiado de país: sin haber cruzado la frontera me fui encontrando con rostros más cercanos al inca, de corte arguediano o mariateguiano (3): ese silencio campesino de cabeza gacha que difícilmente te mira a los ojos: mujeres que ya no son altivas, sino sumisas; sin música ranchera, sino ritmos peruanos; con hombres taciturnos que dejan de hacer bromas y de hablar de usted, para entremezclar las segundas personas -del singular y del plural- sin reglas aparentes.

¡Pero claro! Ahora recuerdo una charla entre biólogos o ingenieros forestales hace unos meses: “para mí, está más que claro que el hombre adapta su forma de ser al ecosistema en que se encuentra y reacciona de acuerdo con él: el frío hace gente fría, el calor impulsa a la extroversión”.

Sí, los Andes comienzan físicamente en Venezuela, pero las alturas verdaderas se inician en el sur colombiano: tienes picos Bolivar, Humboldt, Sierra Nevada de Santa Martha, Parque de La Culata y Nevado del Ruiz, sí, pero la diferencia es que su gente vive a menos de 2 mil metros sobre el nivel del mar (alguien hablará de Bogotá, pero la capital colombiana le da la espalda a sus montañas y mira hacia sus altos edificios y el mundo occidental). En cambio en el Departamento Nariño (zona fronteriza), comienzan las zonas habitadas a más de dos mil seiscientos: el verdadero mundo andino (4).

Me pregunto si no deberíamos hablar de los altos andes y de los bajos andes: en los altos están aquellos descendientes de los incas (qué casualidad que exista una “Laguna de la Cocha” y que a la Madre Tierra le llaman “Pachamama”), mientras que en los bajos, se encontrarían la mayor parte de los llegados después del siglo XVI: españoles, alemanes, africanos, chinos, etc. Y en esta idea, Pasto representa una zona de transición en la que el 80% del mundo caribeño-colombiano (y de la colonización blanca) se ha ido –o en realidad nunca ha llegado-, para dejar el espacio a los hijos de Viracocha.

Por supuesto que esta reflexión me obliga a concluir también que el sur del mundo andino no está representado en lo absoluto por Ushuaia, el Calafate, Neuquén o Atacama, sino por la quebrada de Humahuaca, aquel sitio del altiplano por el que descienden los bolivianos en busca de mejores oportunidades en la hermana Argentina, y aterriza en Jujuy; más al sur, sobre los andes, estaban los mapuches, patagones y araucanos.

Todo esto, para decir que me parece que hay sitios como Pasto, en los que uno supone que la cultura local está más cercana a la de los altos andes, que a la de los bajos, y que sin el más mínimo ánimo de generar una controversia diplomática, siento que esta ciudad está más cerca de lo “andino”.

Lo veo como una pequeña prueba más, de que nuestras fronteras políticas no tienen la más mínima relación con la ecología (esta materia no reconoce líneas puntuales de rompimiento, sino áreas muy amplias de mezcla que terminan por conceder más presencia a un ecosistema en particular -pero siempre encontraremos un frailejón perdido en los límites del bosque alto-), cuando somos parte elemental de ella, y que si los humanos tuviéramos dos deditos más de frente, dejaríamos de preocuparnos por el asunto de las nacionalidades y divisorias cartográficas, para atacar el punto de lo mucho que podemos aprender de estas mezclas.

Es justo como la planta que espera el buen viento para conquistar los tres metros siguientes echando al aire su semilla, en una clara muestra de la búsqueda de mejoría genética a través del intercambio ecosistémico (y como diría un buen amigo, de fluidos electromagnéticos). Dicho sea de otro modo: “Tiremos todos lo muros, y hagamos las mezclas y no la guerra”

(1)Aunque el término esté mal usado, porque los mexicanos pertenecemos también al norte del continente, pero dejémonos de discusiones infructuosas
(2)Me interesa hacer ver, y espero estar explicándolo correctamente, que es muy notorio darse cuenta de cuándo uno está del lado norte, y del lado sur: a pesar de la mezcla, intento sustentar la clara diferencia entre ambas naciones; y por otro lado, hacer ver que esa zona de transición está representada por los “pochos” y “chicanos”. Espero que la lectura del resto del artículo pueda aclarar la idea.
(3)Por Arguedas y Mariátegui, escritores que analizaron mucho la personalidad del habitante de los Andes peruanos.
(4)Visto como los indígenas (incas y sus antecesores) que habitaban la montaña a la llegada de los españoles –recordemos que los incas nunca tuvieron ciudades de importancia en la costa.